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Los hombres que no amaban a las mujeres

El reciente boom de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, ha generado un sinfín de críticas y a pesar de su éxito muchos lo tachan de previsible, pesado y de no aportar nada nuevo. Y es cierto que tiene defectos, como todos, pero yo he disfrutado mucho leyendo “Los hombres que no amaban a las mujeres”

Mikael Blomkvist, un periodista financiero, redactor jefe y cofundador de la revista Millenium, es contratado por Henrik Vanger, un importante empresario ya retirado de ochenta y dos años, para desvelar el misterio del asesinato de su sobrina Harriet que desapareció cuatro décadas atrás y que sigue sin resolver. Desde entonces, cada día de su cumpleaños y como burla del asesino, Henrik recibe una flor enmarcada en un pequeño portafotos. Mikael recibe la ayuda de la investigadora Lisbeth Salander y, juntos, se embarcarán en una historia de negocios turbulentos, odios familiares, espionaje y violencia.

Millenium1

La verdadera acción no llega hasta la mitad del libro, y hasta ahí es mas bien una introducción a los personajes y a la trama. En varias ocasiones se alarga y entra en demasiados detalles sobre las cosas y las acciones de los personajes. Parece estar haciendo bulto, pero Larsson lo hace con una gracia que no te desanima en absoluto a seguir leyendo. Además, ese nivel de detalle hace que te metas en la trama como un investigador mas. Siempre quieres saber mas. La lectura se acelera y el final del libro llega antes de lo que pensabas al ver el tocho. Engancha.

El punto fuerte de la novela son sus personajes. Cada uno tiene su personalidad bien definida, y Larsson consigue que los veamos como si los conociéramos en la vida real. Lisbeth Salander es inolvidable, es el tipo de persona que tratarías de evitar a toda costa, pero sin saber muy bien como acabas por cogerle cariño.

El círculo de la historia se cierra, pero queda demasiado evidente que hay que leer otro libro para saber que ocurre con Lisbeth Salander. Además, queda un cabo… mas olvidado que suelto: Gustaf Morell, el agente que se encargó de la investigación en 1966. Es lo único reprochable.

Una lectura totalmente recomendada.

Tengo los otros dos en casa y voy a ponerme ahora mismo.

P.D.: Ya estoy terminando el último.

La mujer perfecta

Nos bombardean constantemente con la imagen que una mujer se supone debe tener. En televisión, en el cine, en la prensa, en los carteles publicitarios y en las paradas de autobús podemos ver a esas hembras de cuerpos torneados, envidiables y apetecibles.

sk

Pero no se dejen engañar. Si se sabe mirar bien, se ve como es realmente la mujer que nos muestran.

Esa mujer perfecta tiene una menstruación permanente. Es que no para, oigan. Y encima parece disfrutar de ello. También sufre constantes pérdidas de orina, estreñimiento, hemorroides y también diarrea. Quizás sea por su anorexia y/o bulimia y otros trastornos alimenticios que padece. Tiene herpes en los labios y hongos en los pies, y también callos. Se le hincha la tripa y se tira pedos. Sus axilas apestan. Su tez aparentemente suave y tersa solo lo es por encima de una interminable capa de productos cosméticos, y bajo estos, las líneas de edad, las arrugas, las bolsas de los ojos y las patas de gallo campan a sus anchas. Su pelo es áspero y quebradizo, y tiene las puntas abiertas. Sus uñas y pestañas son falsas, y el vello de piernas y sobacos precisa de una continua erradicación. Es una rata tacaña y compradora compulsiva.

Collage

¿La mujer perfecta?

Toda para ustedes, de verdad.

El pasillo de la muerte

Otra genialidad del maestro del terror Stephen King.

“El pasillo de la muerte” fue publicada por primera vez en 1996 en fascículos quincenales, cuando Stephen King quiso recuperar el formato en que entregaba sus novelas Charles Dickens y que tanto le gustaba. Mas tarde revisó el material para incluirlo en un solo tomo.

Cuenta la historia que vivió Paul Edgecombe cuando trabajaba en la prisión de Could Montain como encargado del bloque E, el de los condenados a morir en la silla eléctrica.

Paul y sus compañeros se encargan de cuidar a los presos, de hablar con ellos y prepararlos para su último día. Por lo general no hay problemas, pues el arrepentimiento y la cercanía de “la freidora” los tiene tranquilos, aunque no sea esa la palabra exacta. La llegada del salvaje William Wharton “Billy el Niño” los pondrá a todos bastante nerviosos, y el funcionario enchufado Percy Wetmore, un auténtico grano en el culo, no contribuirá a mejorar las cosas.

MillaVerde

El preso mas extraño que llega al bloque E es John Coffey (suena parecido a café, pero no se escribe igual), un musculoso negro de proporciones gigánticas acusado de violar y matar salvajemente a dos pequeñas hermanas. Pese a su aparente naturaleza violenta, Coffey se comporta como un niño amable, sosegado, triste y poco inteligente que pasa la mayor parte del tiempo llorando en su celda. Todo cambia cuando Paul Edgecombe descubre los milagrosos poderes curativos de Coffey y junto con sus compañeros se arriesgará a vivir una alocada aventura. Pero descubrirán que hay cosas que no se pueden cambiar.

Stephen King nos hace llegar con terrible crudeza la angustia que sufren los presos momentos antes de su ejecución. Los ensayos de las mismas, el repaso del procedimiento, son solo una antesala de lo que les espera. Presenta y describe tan bien a los personajes que puedes meterte bajo su piel. La pena de Hal Moores por su esposa y como esta se transmite a Paul es palpable. La historia de Delacroix y su ratón Cascabel es fantástica, y la bondad que irradia el grandullón desconcertante e inolvidable.

El estilo es el típico de King, pero parece que le falte una última pulida para ser él mismo, para soltarse del todo, como en “El cazador de sueños” por ejemplo. Pero no se le puede reprochar nada.

Es uno de los pocos libros que tiene una película a la altura: “La milla verde”, llamada así por el linóleo verde que cubre el suelo del bloque E. También es el título original del libro. En algunos momentos incluso está mejor resuelta que el libro, como cuando Paul se acerca a Coffey y este le agarra la entrepierna. Resulta mas plausible cómo ocurre en la película, igual que cuando se descubre el pastel de William Wharton. Incluso la coletilla que sigue al nombre de Coffey está mejorada.

Una lectura muy recomendable y, quien iba a decirlo, también el visionado del film.

{A todos nos llega el final; sé que no hay excepciones. Sin embargo, Dios mío, a veces el pasillo de la muerte parece tan largo…}

Anécdota:

Al abrir el libro, cayó en mis manos un curioso marcapáginas olvidado en su anterior lectura.

Marcapaginas