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Mass Effect: Revelación

A Michael le gustan los videojuegos y uno de los últimos que disfrutaba era Mass Effect. Dándome una vuelta por la librería habitual me encontré de casualidad con “Mass Effect: Revelación” y decidí comprarlo. Acerté. Le gustó el libro.

Los humanos descubrieron en Marte un búnker perteneciente a una civilización extraterrestre ya extinta. Les llamaron Proteanos. Era antiguo, muy antiguo, pero su tecnología los asombró. Tratando de descifrarla adquirieron nuevos conocimientos y cuanto mas descifraban, su propia tecnología aumentaba en progresión geométrica. Pronto descubrieron los repetidores de masa y la humanidad pudo extenderse por el espacio. Conocieron nuevas especies inteligentes, los Turianos, los Asaris, los Salarianos, Batarianos y otras, y entraron a formar parte, no sin problemas, de la Alianza, que desde la Ciudadela, una enorme estación Proteana, gobernaba la paz desde hacía muchos siglos.

MassEffectRevelacion

El complejo de investigación de Sidón, un apartado laboratorio de máxima seguridad, ha sido atacado. El capitán y héroe de guerra David Anderson se encargará del asunto. ¿Quién atacó y por qué? ¿Que se investigaba en Sidón? ¿Por qué han matado a todos los trabajadores? La joven científica Kahlee Sanders desapareció poco antes del ataque y es la principal sospechosa. La trama se complica cuando aparece el grupo de mercenarios Los Soles Azules, y Anderson empieza a sospechar que algo oscuro ocurría en Sidón. Un espectro Turiano, Saren, es designado para ayudarle, aunque no se llevarán muy bien.

Drew Karpyshyn es diseñador de videojuegos para la empresa BioWare, y ha escrito varios libros a partir de los mismos, como la saga Star Wars, Mass Effect o Baldur’s Gate, que han tenido un notable éxito entre sus seguidores.

Mass Effect; Revelación, no es ningún prodigio literario. No tiene un estilo con personalidad como Stephen King o Robin Cook, y la estructura de la novela, personajes y escenarios es de lo mas simple. Sin embargo es divertido y entretenido como una película palomitera de verano.

Su mayor defecto, que puede echar atrás a posibles lectores, es depender totalmente del videojuego. El final queda abierto y con interrogantes demasiado grandes. Fue entonces cuando me enteré de que esta novela está situada cronológicamente antes del comienzo de la historia del juego, y que en este se halla la resolución. Tendré que preguntarle a Michael.

La segunda parte “Mass Effect: Ascensión” que ya tenemos en casa, se sitúa unos meses después de lo acontecido en el juego, y su final deja entrever lo que podría ser el argumento del videojuego “Mass Effect II” Cuando tenga un huequecito la leeré, porque aunque haya mucha historia no escrita antes y después, Mass Effect te envuelve en un mundo futurístico que resulta muy entretenido.

Saludos.

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Cien años de soledad

Esta novela de Gabriel García Márquez me resulta difícil de catalogar. Tiene un estilo propio, curioso, peculiar.

La forma de narración llamada “realismo mágico” es la que predomina, y entre alfombras voladoras, espíritus de fallecidos que dialogan con los vivos, telequinesis, levitaciones, diluvios de mas de cuatro años y otras retorcidas exageraciones de lo cotidiano, Cien años de soledad nos cuenta la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones y del pueblo llamado Macondo, que José Arcadio Buendía, el primero de la estirpe, junto con su esposa (y prima) Úrsula Iguarán fundaron y en el que construyeron la casa que es el escenario principal de la novela. No en vano estuvo a punto de titularse “La casa”

CienAñosDeSoledad

Mis padres me prestaron el libro y lo devolví sin hacerle una foto, así que uso una de archivo.

La historia de la familia Buendía cuenta como la avaricia, el orgullo y la hipocresía se ciernen sobre algo bonito que se ha creado con cariño para corromperlo y malograrlo. Es una historia que se repite inevitablemente una y otra vez generación tras generación.

Cien años de soledad es un grito de advertencia dirigido a todo el mundo. Nos dice que de nosotros depende el futuro que nos tocará vivir. Nos hace reflexionar sobre la sociedad en que vivimos, la política, los intereses económicos, las guerras, la pobreza, el mantener las apariencias, el “que dirán”, los prejuicios, el pasar de todo, etc… Nos enseña a darnos cuenta de lo que tenemos y a ver lo que realmente vale la pena. Los Buendía siempre lo tuvieron delante de sus narices, pero no supieron verlo.

No es una lectura taciturna. Al principio es entretenida y alegre, incluso humorística, se lee rápido y de buen gusto. Pero la parte central me pareció un verdadero tostón. Tanto Aureliano y tanto nombre de familiar repetido marea un poco. Cuesta leer y parece que la historia no avance. Ya no es alegre. Afortunadamente al final recobra el ritmo y el interés no decae hasta concluir, pero no pude librarme de una sensación de tristeza al ver como los personajes se apagan poco a poco.

{…y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.}

Permitidme tutearos, imbéciles

Publicado por Arturo Pérez-Reverte el 23/12/2007 en la revista digital XLSemanal.

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.