La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
Segunda entrega de la trilogía Millenium, tan interesante y adictiva como la primera.
Mientras Lisbeth Salander se toma unas vacaciones para olvidarse de todo, la redacción de Millenium está preparando un sonado reportaje sobre la trata de blancas con Dag y Mia, los reporteros que investigan la historia.
De repente, Dag y Mia son asesinados y Lisbeth figura como principal sospechosa. Mikael Blomkvist intentará defenderla y probar su inocencia, encontrándose con su pasado, con un escurridizo asesino sin escrúpulos y una trama de corrupción que podría salpicar a las mas altas esferas del gobierno sueco.

Otra vez la verdadera acción no llega hasta la mitad del libro, y se puede hacer desesperante la espera, pues Larsson alarga con detalles situaciones que parecen no tener nada que ver con la historia. Por ejemplo; durante tres páginas llega a relatar que tipo de coche alquiló Lisbeth, por que calles pasó, que desayunó, que modelos de muebles compró en el Ikea, etc…
No es que sea aburrido, pero acabas tirándote de los pelos y clamando que pase algo, y entonces ¡PAM! Te suelta la bomba y ya no puedes dejar de leer. Dan ganas de terminarlo del tirón.
La interesante trama y el descubrimiento de la historia de Salander crean verdadera adicción y aunque el ritmo decaiga en algún momento puntual, la forma de escribir de Larsson hace que se lea rápido y el final llegue en un santiamén. Final que pide a gritos empezar con la tercera parte inmediatamente.
En esta entrega queda mas patente que Stieg Larsson denuncia la corrupción, la incompetencia policial y los absurdos prejuicios arraigados en la sociedad.
Una lectura totalmente recomendable, con mas acción que engancha y la hace mas espectacular, aunque la primera entrega me pareció algo mas elaborada.
Pronto mi opinión sobre la tercera y última entrega de Millenium.
Saludos.
Corrupción
Caso Fabra (Naranjax)
Caso Camps (Gürtel)
Innumerables alcaldes corruptos.
Rumasa, Filesa, Osakidetza, Guerra, Urbanor, Sarasola, Expo 92, Roldán, Palomino, Ibercorp, Gescartera, Afinsa, KIO y un largo etcétera.
Prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, malversación, falsedad cometida por funcionario público, etc. Por la izquierda, por la derecha, desde arriba y desde abajo. Es coger el periódico, y me entran ganas de potar. Cuando se mete la iglesia de por medio, o echamos un ojo fuera y nos topamos con maestros como Berlusconi, ya espara desesperarse.

¿Es que nadie se da cuenta de que esa gente se está enriqueciendo a costa de todos nosotros? ¿Nadie ve que son LADRONES que se meten NUESTRO dinero directamente en su bolsillo? ¿Nadie ve de que honrados y ejemplares no tienen nada? ¿Nadie piensa en como mejoraría la calidad de vida de todos, si las barbaridades de dinero que desvían en beneficio propio fueran a parar donde realmente tienen que ir a parar?
Cuando se facturan miles de euros por cambiar una baldosa, cuando se expropia el terreno de un club o sociedad para construir un bloque de apartamentos a primera línea de playa incumpliendo las ordenanzas, cuando se remodelan todas las calles de un barrio eliminando las plazas de aparcamiento justo antes de la inauguración de un parking, cuando una empresa pasa una factura de miles de euros a una administración, y esta pasa al gobierno central una de decenas de miles de euros, cuando a un alcalde le salen los coches de lujo y villas de debajo de las piedras y los concursos de obras públicas siempre los gana la misma empresa, cuando se aprueba un presupuesto desorbitado para una obra y la obra en sí termina siendo una chapuza ¿por qué nadie hace nada? ¿Por qué no se suelen denunciar estos casos?

Las excusas que da la gente para tragarse semejante pastel de mierda, como que eso lo hacen todos, mejor alguien de aquí que otro, eso ya se sabe, es normal, tu también lo harías, la tentación es demasiado grande, etc. Me parecen de lo mas absurdo, idiota e irresponsable. ¡Pero hasta se manifiestan cuando pillan a un corrupto!
Se supone que esa gente nos representa, a todos nosotros, hablan y hacen en nuestro nombre, meten y sacan nuestro dinero donde nos conviene.
Entonces ¿por qué se permiten cosas como que un concejal de urbanismo sea propietario, presidente o abogado de una constructora?
No se debería permitir acceder a un cargo público a nadie que tuviese antecedentes, o estuviese imputado por algún delito, o tuviese cerca una empresa que pudiera beneficiarse de el, y se les debería hacer un seguimiento de sus actividades con tolerancia cero.

Parece ser que meterse a político es la forma mas sencilla de enriquecerse, y no es esa la idea que yo tenía de la política.
La situación ha llegado a un punto intolerable. Los que controlan nuestra economía, nuestras leyes, decretos y ordenanzas y nuestra calidad de vida, están podridos.
Se me revuelven las tripas al ver que a la gente le ponen los juegos, como a los romanos, y aquí no pasa nada. Borregos.
¡Abran los ojos!
Bautismo aéreo
Siempre me ha atraído el mundo de la aviación. Sobretodo los aviones. Solo por la forma que han de tener para volar, ya me parecen máquinas preciosas. Helicópteros, autogiros, comerciales, cazas, etc… Desde una Cessna, pasando por un Sea King, a un B52.
Todo contacto con este mundo ha sido mediante documentales, Internet, observar a los aficionados radiomodelistas y algún que otro pinito en simuladores por ordenador.
Así que cuando me enteré de que tenía la oportunidad de realizar un bautismo aéreo, no me lo pensé dos veces.
Sábado, 3 de octubre de 2009, 10:00 horas, aeródromo de Robledillo de Mohernando, Guadalajara
Me dirijo al hangar de la escuela de vuelo Mydair con Benito, el director, y nos acercamos a un bonito Tecnam P-92.



Observo mientras repasa la primera y minuciosa lista de comprobación del día. Ver como comprueba las superficies de control y otras partes de la estructura, como abre la tapa del impoluto motor y lo revisa, comprueba el aceite, pasa la mano por debajo de cada junta, de cada manguito y filtro para comprobar que no hay fugas de nada, como saca una muestra de combustible para comprobar su estado, etc… da mucha seguridad y constata que estoy ante todo un profesional.

Mientras tanto me cuenta que los coches también tienen un rinconcito en su corazón y me enseña el VW escarabajo que modificó él mismo, y los buggys que construyó. Pero volar es su verdadera pasión, no en vano ha construido varios aviones con sus propias manos, y como colofón, el impresionante RENEGADE que contemplé anonadado.




.- ¿Ala alta, o ala baja?
.- Pues no se…
Tras una explicación, me decido por un ala baja. He de esperar a Jesús, el instructor de vuelo (su blog), que está en el aire y aterrizará en breves momentos.
Jesús llega en un precioso Eurostar EV-97 Me explica como subir y atarme el arnés. ¡Ya estoy dentro!



Lo primero, repasar la lista de comprobación: Magneto, combustible, controles, todo sujeto, etc… Luego, secuencia de arranque y rodaje a punto de espera. Otra lista de comprobación: Tensión eléctrica, bujías y otros. Jesús me explica pacientemente cada una de las cosas que hace. Permiso, rodaje a pista, gas a fondo y un momento y unas palabras que me quedaron grabadas a fuego: Ya estamos en el aire.
¡ESTOY VOLANDO!
Damos unas vueltas, se inclina un poco y cabecea para que pueda tomar unas fotos y me explica varias cosas sobre el avión y el vuelo. Todo es precioso desde ahí arriba. Estoy disfrutando de lo lindo, y entonces me cede los controles ¡¡!! No las tengo todas conmigo. Estoy demasiado excitado y tenso. Hago un par de virajes tímidos y vuelve a coger el control.





Entonces bajamos y realizamos una rasante a escasos palmos del suelo de punta a punta de pista. Palanca atrás y ¡arriba! Jojojojo, lo estoy gozando de verdad.

Damos un par de vueltas mas y aterrizamos. Suave. Rodaje hasta los hangares y fin. Me bajo del avión mientras Jesús rellena el papeleo pertinente: Hora del vuelo, duración, piloto, acompañante, etc… todo en regla al momento.

Ha sido mejor de lo que esperaba. Esto es volar. Nada que ver con estar sentado en un asiento de un Boeing 737-300. Esto tenía que repetirlo, y no esperé mucho. El domingo por la mañana, a eso de las 11:00 ya estaba de nuevo en la escuela de vuelo. Que ganas, que ganas!
Esta vez subí con Benito en el Tecnam P-92 de ala alta, mas dócil para principiantes. Aunque el bajó de los cielos montado en esto:

Me dejé la cámara de fotos para no perderme ni un segundo de la experiencia. Me enseña como subir y me ata el arnés. Lista de comprobación ok, rodaje a punto de espera, lista de comprobación ok, rodaje a pista, gas a fondo y ¡arriba!
Benito me explica detalles como la velocidad de despegue y ascenso para este avión, y al momento me deja los controles. Intento relajarme y los tomo. Vamos ascendiendo y nivelo a 4000 pies. Me explica como trimar el avión. “Vuelo recto y nivelado” recuerdo de los simuladores. Hago unos cuantos virajes a izquierda y derecha, manteniendo el morro, y me anima a compensar el giro con los pedales. Reviso el coordinador de giro, la velocidad del aire y la vertical para comprobar que lo estoy haciendo bien. Me obligo a quitar la vista de los controles y observar como pasa el precioso paisaje bajo nosotros. Esto es una gozada.
Nos acercamos a algo… ¡un halcón!
Volar al lado de un halcón y experimentar la térmica que él mismo utiliza para hacerlo, no tuvo precio para mí.
Aproximación y descenso. Benito acciona los flaps y corrijo el morro. Centro. Confundí los controles de centrado y los usé al revés, ooops. Ya decía yo que no se aliviaba la presión en la palanca. Acercándonos a pista suelto los controles y Benito aterriza. Suave. Uso los pedales para dar la vuelta y rodar hasta el hangar. Todavía no me lo creo.
Ha sido una experiencia inolvidable y se la recomiendo a todo aquel que sienta aunque solo sea un pelín de curiosidad por todo lo que es el mundo de la aviación.
A Jesús y Benito, mil gracias por vuestro tiempo.
En cuanto a mí, tarde o temprano, repetiré, seguro.
O más…
Los hombres que no amaban a las mujeres
El reciente boom de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, ha generado un sinfín de críticas y a pesar de su éxito muchos lo tachan de previsible, pesado y de no aportar nada nuevo. Y es cierto que tiene defectos, como todos, pero yo he disfrutado mucho leyendo “Los hombres que no amaban a las mujeres”
Mikael Blomkvist, un periodista financiero, redactor jefe y cofundador de la revista Millenium, es contratado por Henrik Vanger, un importante empresario ya retirado de ochenta y dos años, para desvelar el misterio del asesinato de su sobrina Harriet que desapareció cuatro décadas atrás y que sigue sin resolver. Desde entonces, cada día de su cumpleaños y como burla del asesino, Henrik recibe una flor enmarcada en un pequeño portafotos. Mikael recibe la ayuda de la investigadora Lisbeth Salander y, juntos, se embarcarán en una historia de negocios turbulentos, odios familiares, espionaje y violencia.

La verdadera acción no llega hasta la mitad del libro, y hasta ahí es mas bien una introducción a los personajes y a la trama. En varias ocasiones se alarga y entra en demasiados detalles sobre las cosas y las acciones de los personajes. Parece estar haciendo bulto, pero Larsson lo hace con una gracia que no te desanima en absoluto a seguir leyendo. Además, ese nivel de detalle hace que te metas en la trama como un investigador mas. Siempre quieres saber mas. La lectura se acelera y el final del libro llega antes de lo que pensabas al ver el tocho. Engancha.
El punto fuerte de la novela son sus personajes. Cada uno tiene su personalidad bien definida, y Larsson consigue que los veamos como si los conociéramos en la vida real. Lisbeth Salander es inolvidable, es el tipo de persona que tratarías de evitar a toda costa, pero sin saber muy bien como acabas por cogerle cariño.
El círculo de la historia se cierra, pero queda demasiado evidente que hay que leer otro libro para saber que ocurre con Lisbeth Salander. Además, queda un cabo… mas olvidado que suelto: Gustaf Morell, el agente que se encargó de la investigación en 1966. Es lo único reprochable.
Una lectura totalmente recomendada.
Tengo los otros dos en casa y voy a ponerme ahora mismo.
P.D.: Ya estoy terminando el último.
La mujer perfecta
Nos bombardean constantemente con la imagen que una mujer se supone debe tener. En televisión, en el cine, en la prensa, en los carteles publicitarios y en las paradas de autobús podemos ver a esas hembras de cuerpos torneados, envidiables y apetecibles.

Pero no se dejen engañar. Si se sabe mirar bien, se ve como es realmente la mujer que nos muestran.
Esa mujer perfecta tiene una menstruación permanente. Es que no para, oigan. Y encima parece disfrutar de ello. También sufre constantes pérdidas de orina, estreñimiento, hemorroides y también diarrea. Quizás sea por su anorexia y/o bulimia y otros trastornos alimenticios que padece. Tiene herpes en los labios y hongos en los pies, y también callos. Se le hincha la tripa y se tira pedos. Sus axilas apestan. Su tez aparentemente suave y tersa solo lo es por encima de una interminable capa de productos cosméticos, y bajo estos, las líneas de edad, las arrugas, las bolsas de los ojos y las patas de gallo campan a sus anchas. Su pelo es áspero y quebradizo, y tiene las puntas abiertas. Sus uñas y pestañas son falsas, y el vello de piernas y sobacos precisa de una continua erradicación. Es una rata tacaña y compradora compulsiva.

¿La mujer perfecta?
Toda para ustedes, de verdad.
El pasillo de la muerte
Otra genialidad del maestro del terror Stephen King.
“El pasillo de la muerte” fue publicada por primera vez en 1996 en fascículos quincenales, cuando Stephen King quiso recuperar el formato en que entregaba sus novelas Charles Dickens y que tanto le gustaba. Mas tarde revisó el material para incluirlo en un solo tomo.
Cuenta la historia que vivió Paul Edgecombe cuando trabajaba en la prisión de Could Montain como encargado del bloque E, el de los condenados a morir en la silla eléctrica.
Paul y sus compañeros se encargan de cuidar a los presos, de hablar con ellos y prepararlos para su último día. Por lo general no hay problemas, pues el arrepentimiento y la cercanía de “la freidora” los tiene tranquilos, aunque no sea esa la palabra exacta. La llegada del salvaje William Wharton “Billy el Niño” los pondrá a todos bastante nerviosos, y el funcionario enchufado Percy Wetmore, un auténtico grano en el culo, no contribuirá a mejorar las cosas.

El preso mas extraño que llega al bloque E es John Coffey (suena parecido a café, pero no se escribe igual), un musculoso negro de proporciones gigánticas acusado de violar y matar salvajemente a dos pequeñas hermanas. Pese a su aparente naturaleza violenta, Coffey se comporta como un niño amable, sosegado, triste y poco inteligente que pasa la mayor parte del tiempo llorando en su celda. Todo cambia cuando Paul Edgecombe descubre los milagrosos poderes curativos de Coffey y junto con sus compañeros se arriesgará a vivir una alocada aventura. Pero descubrirán que hay cosas que no se pueden cambiar.
Stephen King nos hace llegar con terrible crudeza la angustia que sufren los presos momentos antes de su ejecución. Los ensayos de las mismas, el repaso del procedimiento, son solo una antesala de lo que les espera. Presenta y describe tan bien a los personajes que puedes meterte bajo su piel. La pena de Hal Moores por su esposa y como esta se transmite a Paul es palpable. La historia de Delacroix y su ratón Cascabel es fantástica, y la bondad que irradia el grandullón desconcertante e inolvidable.
El estilo es el típico de King, pero parece que le falte una última pulida para ser él mismo, para soltarse del todo, como en “El cazador de sueños” por ejemplo. Pero no se le puede reprochar nada.
Es uno de los pocos libros que tiene una película a la altura: “La milla verde”, llamada así por el linóleo verde que cubre el suelo del bloque E. También es el título original del libro. En algunos momentos incluso está mejor resuelta que el libro, como cuando Paul se acerca a Coffey y este le agarra la entrepierna. Resulta mas plausible cómo ocurre en la película, igual que cuando se descubre el pastel de William Wharton. Incluso la coletilla que sigue al nombre de Coffey está mejorada.
Una lectura muy recomendable y, quien iba a decirlo, también el visionado del film.
{A todos nos llega el final; sé que no hay excepciones. Sin embargo, Dios mío, a veces el pasillo de la muerte parece tan largo…}
Anécdota:
Al abrir el libro, cayó en mis manos un curioso marcapáginas olvidado en su anterior lectura.

Mass Effect: Revelación
A Michael le gustan los videojuegos y uno de los últimos que disfrutaba era Mass Effect. Dándome una vuelta por la librería habitual me encontré de casualidad con “Mass Effect: Revelación” y decidí comprarlo. Acerté. Le gustó el libro.
Los humanos descubrieron en Marte un búnker perteneciente a una civilización extraterrestre ya extinta. Les llamaron Proteanos. Era antiguo, muy antiguo, pero su tecnología los asombró. Tratando de descifrarla adquirieron nuevos conocimientos y cuanto mas descifraban, su propia tecnología aumentaba en progresión geométrica. Pronto descubrieron los repetidores de masa y la humanidad pudo extenderse por el espacio. Conocieron nuevas especies inteligentes, los Turianos, los Asaris, los Salarianos, Batarianos y otras, y entraron a formar parte, no sin problemas, de la Alianza, que desde la Ciudadela, una enorme estación Proteana, gobernaba la paz desde hacía muchos siglos.

El complejo de investigación de Sidón, un apartado laboratorio de máxima seguridad, ha sido atacado. El capitán y héroe de guerra David Anderson se encargará del asunto. ¿Quién atacó y por qué? ¿Que se investigaba en Sidón? ¿Por qué han matado a todos los trabajadores? La joven científica Kahlee Sanders desapareció poco antes del ataque y es la principal sospechosa. La trama se complica cuando aparece el grupo de mercenarios Los Soles Azules, y Anderson empieza a sospechar que algo oscuro ocurría en Sidón. Un espectro Turiano, Saren, es designado para ayudarle, aunque no se llevarán muy bien.
Drew Karpyshyn es diseñador de videojuegos para la empresa BioWare, y ha escrito varios libros a partir de los mismos, como la saga Star Wars, Mass Effect o Baldur’s Gate, que han tenido un notable éxito entre sus seguidores.
Mass Effect; Revelación, no es ningún prodigio literario. No tiene un estilo con personalidad como Stephen King o Robin Cook, y la estructura de la novela, personajes y escenarios es de lo mas simple. Sin embargo es divertido y entretenido como una película palomitera de verano.
Su mayor defecto, que puede echar atrás a posibles lectores, es depender totalmente del videojuego. El final queda abierto y con interrogantes demasiado grandes. Fue entonces cuando me enteré de que esta novela está situada cronológicamente antes del comienzo de la historia del juego, y que en este se halla la resolución. Tendré que preguntarle a Michael.
La segunda parte “Mass Effect: Ascensión” que ya tenemos en casa, se sitúa unos meses después de lo acontecido en el juego, y su final deja entrever lo que podría ser el argumento del videojuego “Mass Effect II” Cuando tenga un huequecito la leeré, porque aunque haya mucha historia no escrita antes y después, Mass Effect te envuelve en un mundo futurístico que resulta muy entretenido.
Saludos.
Cien años de soledad
Esta novela de Gabriel García Márquez me resulta difícil de catalogar. Tiene un estilo propio, curioso, peculiar.
La forma de narración llamada “realismo mágico” es la que predomina, y entre alfombras voladoras, espíritus de fallecidos que dialogan con los vivos, telequinesis, levitaciones, diluvios de mas de cuatro años y otras retorcidas exageraciones de lo cotidiano, Cien años de soledad nos cuenta la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones y del pueblo llamado Macondo, que José Arcadio Buendía, el primero de la estirpe, junto con su esposa (y prima) Úrsula Iguarán fundaron y en el que construyeron la casa que es el escenario principal de la novela. No en vano estuvo a punto de titularse “La casa”

Mis padres me prestaron el libro y lo devolví sin hacerle una foto, así que uso una de archivo.
La historia de la familia Buendía cuenta como la avaricia, el orgullo y la hipocresía se ciernen sobre algo bonito que se ha creado con cariño para corromperlo y malograrlo. Es una historia que se repite inevitablemente una y otra vez generación tras generación.
Cien años de soledad es un grito de advertencia dirigido a todo el mundo. Nos dice que de nosotros depende el futuro que nos tocará vivir. Nos hace reflexionar sobre la sociedad en que vivimos, la política, los intereses económicos, las guerras, la pobreza, el mantener las apariencias, el “que dirán”, los prejuicios, el pasar de todo, etc… Nos enseña a darnos cuenta de lo que tenemos y a ver lo que realmente vale la pena. Los Buendía siempre lo tuvieron delante de sus narices, pero no supieron verlo.
No es una lectura taciturna. Al principio es entretenida y alegre, incluso humorística, se lee rápido y de buen gusto. Pero la parte central me pareció un verdadero tostón. Tanto Aureliano y tanto nombre de familiar repetido marea un poco. Cuesta leer y parece que la historia no avance. Ya no es alegre. Afortunadamente al final recobra el ritmo y el interés no decae hasta concluir, pero no pude librarme de una sensación de tristeza al ver como los personajes se apagan poco a poco.
{…y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.}
Permitidme tutearos, imbéciles
Publicado por Arturo Pérez-Reverte el 23/12/2007 en la revista digital XLSemanal.
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.
Burocracia II
Ya les hablé hace un tiempo de la burocracia cuando lidié con la administración para renovar el DNI.
Esta vez tocaba pasar la Inspección Técnica de Vehículos, y aprovechar para rematricular el coche que compré de segunda mano. Todavía recordaba la última ocasión en que me enfrenté a la Dirección General de Tráfico, y no fue una experiencia agradable, pero confiaba en que esta vez no tenía por qué ser igual.
Craso error.

Lo primero es llamar para pedir cita, y rezar para que esta no sea pasados un par de meses. Afortunadamente encontré una estación de ITV en una población cercana donde esto no es un problema, aunque ya me suponía desplazarme unos diez kilómetros. Todo sea por la presteza.
Una vez allí, en primer lugar hay que pasar por caja y pagar los 50.04 euros que cuesta la revisión, en mi caso anual ¡menos mal que estamos en crisis! Un robo en toda regla por algo que es obligatorio. Al menos, con la privatización de las ITV, se puede pagar con tarjeta, y menos mal, porque no hay un cajero en kilómetros a la redonda.
Tras indicar que quiero rematricular el vehículo, me dan el papeleo pertinente y paso a poner el coche en la cola de la línea de inspección. Mientras espero voy revisando la documentación y me doy cuenta de que han escrito mal el número de bastidor, ¿saben la gracia si le paran las autoridades y el número de bastidor de la documentación no coincide con el del vehículo? ¿O si tienen un accidente y el seguro se da cuenta de ese detalle? Salgo corriendo hacia las oficinas esperando que la cola no avance muy deprisa, y les expongo el caso. Corrigen el error, vuelven a imprimir todo el papeleo y vuelvo a correr hacia el coche.

Entro en la línea. Todo normal. Que si ponga las cortas, las largas, tóquese el pito, frene, etc… cuando ya terminando, me da la impresión de que el técnico pasa demasiado tiempo mirando bajo el capó. ¿Ocurre algo? le pregunto, y me responde que si, que en un papel… ¿adivinan? El número de bastidor no coincide. Ala, a volver a hacer todo el papeleo.
Por fin paso la ITV, pero se quedan la tarjeta del vehículo porque tienen que hacer otra para la nueva matrícula. ¿No pueden hacerlo en el momento? Se ve que no, que tengo que recogerla pasados tres o cuatro días y mientras tanto puedo circular diez días con la hoja de la ITV.
Por si a caso, pasados dos días llamo y me confirman que lo tienen todo listo. Me acerco y recojo todo el papeleo. Me indican que, con el, debo pasarme por tráfico para que troquelen la nueva matrícula en la tarjeta y, por supuesto, mas papeleo.
Pido permiso en el trabajo para pasar unas horas de la mañana en la DGT y gracias a Dios no tenemos ninguna urgencia. Me acerco. Lo primero es sacar número para la ventanilla de vehículos, son las nueve y media y me toca el V501. Van por el V480, tiempo de sobra para pasar por información a por los formularios, tras la cola, claro. Una vez rellenados, toca pasar por caja y pagar 90 euros ¡como se nota que estamos en crisis! ¡Arriba las manos, esto es la DGT! Y cuidado, dinerito contante y sonante, nada de tarjeta que esto es una administración del ministerio del interior.

Iluso de mí, piernas, ¡para qué os quiero! Que haya un cajero cerca. Y no lo hay, al menos cerca, pero veinte personas dan para mucho ¿o no? Pues sí, que esto es el gobierno y las cosas de palacio… Llego a tiempo, V490 y poca gente en la cola de caja (y van dos) Pago y me pongo a la cola de vehículos (y tres) Me toca y doy todos los papeles ¿Todos? ¡¡NO!! Me dicen que falta la tarjeta de ITV vieja. Les explico que se la quedaron en la ITV, que es una rematriculación, que me han hecho una nueva y que es la que les traigo. Pues no, que necesitan la vieja, que vaya a por ella.
Yo no pensaba moverme de ahí y tener que volver a pasar por otra cola inútilmente, así que llamo a la ITV desde la ventanilla de la DGT, y me dicen que tienen razón, que se les olvidó darme la anterior tarjeta de ITV, que pase a por ella. La funcionaria ve mi cara de hastío y me dice que vaya, que al volver me atenderá sin hacer cola. Algo es algo.
Subo al coche y salgo pitando, pero con cuidado, no vaya a ser que tenga que vérmelas con la DGT por mas razones. Recojo el cartoncito con cara de pocos amigos y salgo pitando de nuevo. Cuando llego, la funcionaria que me atendió ya no está, pero me salto la cola y le explico el caso al sustituto, que me atiende a regañadientes.

¡Por fin! Pues no. Ahora toca hacerse las nuevas placas, pero los comercios normales abren por la tarde y no tienes que pedir cita, además, hay mas de uno donde puedes hacerlas. Que diferencia con la administración ¿no? Luego toca ponerlas, pero con un poco de maña creo que podré hacerlo yo mismo. También hay que avisar al seguro, al que me alquila la plaza de garaje, y no se si me cambiará el recibo de la contribución y tendré que volver a domiciliarlo. ¡Uf!
Se habrán dado cuenta de que para cualquier cosa legal, hay que seguir un tedioso camino burocrático. Tenemos dos obligaciones principales para con la sociedad actual, que son el trabajo y respetar la ley. Entonces ¿por qué para cumplir con una tenemos que dejar de cumplir la otra?
¿Por qué cuando debemos renovar el DNI, hacer la declaración de la renta, ir al ayuntamiento, al catastro, a tráfico o al juzgado debemos de hacerlo en horas de trabajo?
Si se me funde una bombilla, puedo ir a por una un sábado a las nueve de la noche, pero si necesito hacerme el pasaporte puedo ponerme de los nervios.
Los organismos oficiales deberían estar abiertos hasta las ocho de la tarde. O hasta las nueve.
Además, cuando estaba en tráfico las colas se extendían hasta el exterior del edificio, pero solo había un funcionario en cada puesto. ¡Si hasta un supermercado cutre tiene mas de una caja!
Encima a estos no puedo enseñarles el dedo, porque como se pongan farrucos me pueden hacer la vida imposible.
Al menos, las placas han quedado curiosas, ¿no creen?

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